Sobre el concepto de tecnología

¿Hasta cuándo con el discurso sobre el impacto de la tecnología?
Gabriel Rodríguez G-H.

Este es el texto sobre el que trabajaremos la próxima clase, para discutir el concepto de tecnología.

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Las ideas matrices de este artículo han nacido de discusiones del autor, tanto al interior del Curso de Diseño On­tológico en California, como con miem­bros del ILET en Santiago.

Cuando hablamos de desarrollo, la tecnología es cada día más un invitado siempre automáticamente presente. La palabra se asocia en primer lugar a lo que llamamos “nuevas tecnolo­gías”: computadores, circuitos electrónicos, biotecnología y, recientemente, superconducto­res. Estas se opondrían, o esta­rían reemplazando a tecnolo­gías “industriales” conectadas con los sectores más tradiciona­les de producción básica como la química, los metales, textiles, etc. y las correspondientes industrias manufactureras como los fármacos, los automóviles o el vestuario, para nombrar algu­nos.

Este invitado siempre pre­sente es también un convidado mudo. Se habla de la tecnolo­gía en los debates económi­cos, políticos y sociales o se le asocia a veces alguna letra grie­ga en alguna ecuación de fun­ciones de producción, pero siempre como un dato que vie­ne de afuera, como equipos a tener en cuenta, que serían producidos por laboratorios o por centros de investigación pa­ralelos a la vida cotidiana.Imaginamos finalmente el mundo en que vivimos, como un mundo bombardeado por la tecnología (con todo lo que de inesperado y también maléfico tiene un bombardeo). De allí la expresión común del “impacto de la tecnología”, tan en boga en los análisis socio-económi­cos y tan vacía de contenido.Al usar la palabra tecnolo­gía, inmediatamente hacemos una correlación con artefactos, con “cosas a ser diseñadas, construidas y usadas”. De allí nuestras referencias a “transfe­rencia de tecnología”, “comprar y vender tecnología” o “cómo tener acceso a los últimos adelantos”. Tecnología sería aquello que hace que un equipo stereofónico sea mejor que el anterior de su generación. A lo más que logramos aventurarnos es a considerar también como tecnología el “know-how”­ y procedimientos.No estamos de acuerdo con esta forma de ver la tecnología, no porque lo consideremos un enfoque falso, sino porque afirmamos que no es una manera de observar que nos posibilite para tomar acciones de diseño de proyectos posibles de desarrollo. Si pensamos en nuestros países latinoamericanos, concebir la tecnología como cosas u objetos o más comúnmente “máquinas”, a lo más que podemos acceder es a discusiones sobre condiciones de acceso al mercado de la tecnología o a interminables disquisiciones sobre si la tecnología es “apropiada2 o no, humana o inhumana, promotora del desarrollo o de la dependencia. Todos estos son juicios que no tienen un asidero sólido en observaciones verificables. Aparecen como “propiedades inherentes” a los objetos tecnológicos. Ante esta concepción cosificada no cabe sino la resignación pasiva… o los controles aduaneros. Aventuramos una interpre­tación distinta que afirmamos nos permite abrir nuevas pre­guntas e identificar acciones posibles a tomar en este campo. Buscamos una salida al discur­so de la queja permanente so­bre el impacto o el de la mágica inevitabilidad tecnológica que traerá soluciones automáticas para todo.Concebimos la tecnología como el diseño de prácticas y de posibilidades a ser realizadas a través de artefactos. Los artefactos pasan, entonces, a segundo plano y las prácticas serían los aspectos que requerirían de nuestra atención.Decir transferir prácticas, en vez de transferencia de tecnología, puede sonar más abstrac­to, pero a la vez más sugerente de posibles acciones a tomar. Menos simple que comprar o vender objetos, pero más enri­quecedor para entender y po­der diseñar el contexto en que los “objetos” tecnológicos ten­gan cabida efectiva.Tomemos un ejemplo. El desarrollo del transistor es con­siderado hoy día un avance tec­nológico de proporciones que hizo posible toda la electrónica compacta moderna. El objeto transistor, e incluso la radio fabri­cada con él, como elementos tecnológicos no dicen nada. Sólo las prácticas desarrolladas en torno a ellos son las que nos permiten hablar de la importan­cia de este artefacto. La radio a transistor (por su tamaño, míni­mo gasto de energía y bajo cos­to) permitió expandir el sistema de broadcasting en forma prácti­camente universal. El mundo ya no es el mismo. No es una casualidad que la Alianza para el Progreso en América Latina y sus propuestas de incorpora­ción de la población rural al sis­tema productivo mundial sean coincidentes con la expansión de la radio a transistores.    En ese sentido podemos decir que lo que aparece como tecnología no puede ser reducido a artefactos o procedimientos, sino que esos elementos son parte integrante de una práctica nueva en la vida humana.Entendida así, podemos decir que la innovación tecnoló­gica es la especulación e inno­vación en nuevas prácticas, en las cuales nuevas herramientas pueden ser inventadas, para permitir la existencia y el desarrollo de estas nuevas prácticas. En ese sentido afirmamos que el diseño de herramientas y procedimientos es el diseño de nuestras prácticas y ese di­seño se da en la coordinación de acciones en el lenguaje.        Así entendida entonces, la innovación en tecnología no es una cualidad esotérica, que só­lo ciertas personas poseen, y que a través de su uso produ­cen artefactos que “bombar­dean” el planeta o “impactan” nuestras vidas desde quién sa­be dónde.        Veamos esto en otro ejem­plo: la introducción de la tecno­logía de microcomputadores en países en desarrollo. Conce­bida dicha tecnología meramen­te como objetos (micros, prin­ters, redes, memorias, discos) lo más que podemos llegar a ha­cer es constatar su uso indiscri­minado, quejarnos del futuro a la manera de Orwell y preparar­nos a tomar precauciones so­bre el acceso a la privacidad. Concebida la informática como la oportunidad de diseñar nuevas prácticas (por ejemplo: comunicación más efectiva entre seres humanos, automatiza­ción de funciones o aceleración de procesos de cálculo), el acceso a los microcomputado­res plantea preguntas en el campo de la organización huma­na y de la producción que deben ser respondidas en el proceso de hacer uso de los artefactos. Esas son las preguntas centrales.     Nuestro interés ha sido plantearnos algunas preguntas sobre nuestro sentido común de la tecnología. Sentido común que nos viene del uso diario de los artefactos tecnológicos (desde la máquina de afeitar hasta el encendedor) y que nos deja ciegos a la tecnología como una práctica que se da a través del uso de artefactos. El dejarnos llevar por la “cosificación” de la tecnología nos impide concebir proyectos, donde ésta puede ser parte de un diseño humano.    En países que como el nuestro buscan nuevas vías de desarrollo y cuya distancia –en el campo de los artefactos tecnológicos- con los países desarrollados es tan inmensa, la visión de la tecnología como desarrollo de prácticas nos abre la posibilidad de tomar un rol activo en la apropiación de la tecnología. Al mismo tiempo, abre el camino para estar presentes en el diseño de nuevas prácticas que están dando origen a nuevos artefactos.
Artículo publicado en: Revista del Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET), Año 1, Nr 2, Santiago de Chile, junio de 1988. 
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